Domingo VII Tiempo ordinario

Hoy la liturgia nos habla de amar a nuestros enemigos.

¿Quiénes son esos enemigos? Puede venirnos tantos a la memoria que sería interminable describirlos. Pero, el mayor enemigo somos nosotros mismos, con nosotros mismos. Igual necesitaremos estas dos claves que te vamos a compartir: el perdón y el amor.

El perdón, dirá F. Torralba, es fruto del amor. Cuanto más ama un ser humano, más capacidad tiene para el perdón, para empezar de nuevo, para dar una oportunidad a los otros y a sí mismo. Dios, amor pleno, es perdón absoluto, confianza plena en la persona y en su capacidad para rehacer el futuro y empezar de nuevo.

Cuanto tú y yo perdonamos de corazón, Dios se hace presente enigmáticamente en la historia; su luz lo ilumina todo, aunque solo sea durante un fugaz instante.

El año pasado la comunidad convocó un taller de silencio. esos días se reflexionó sobre la figura de Pedro. Hoy traemos a la memoria aquellos días, aquellos momentos fuertes de silencio  y oración.

Jesús llamó a Pedro a una aventura; pero, hoy me llama a mí porque soy Pedro.

Con respecto a la lectura de hoy Mt 16,13-19, sería como la primera etapa vocacional de Pedro, en una simple repetición de pregunta y respuesta:

  • Pedro, ¿quién es para ti Jesús?
  • Es el que me llama y me invita, el que me pide un compromiso.