XX Encuentro Monástico

XX Encuentro Monástico

El sábado 6 de abril, un grupo de diez personas nos  sentimos convocadas a la cita en Piones 60 al XX encuentro en el monasterio de las Madres Bernardas.

Procedencias dispares, inquietudes diferentes, edades distintas, ocupaciones varias, casados, solteros, viudos, hombres, mujeres…, pero todos  ellos comparten una llamada  al silencio en su vidas, y atraídos  por esta inquietud  iniciaron el día reflexionando sobre la oración como relación filial con el Padre.

Cambiar el punto de mira, el enfoque, no soy yo quien hace oración o busca sino que es el Señor  quien quiere que existamos plenamente en El.

Ese Jesús al que suplicamos:”enséñanos a orar” y como buen maestro, nos coge de la mano, para guiarnos por estos caminos  que a veces queremos transitar siendo autodidactas, cuando es más fácil dejarnos guiar por El.

Encuentro con ese Padre, misterio de filiación, que nos engendra una y mil veces a la vida y a la Vida. Y como único requisito dejarse llevar, olvidarse de sí mismo y dejarse fascinar por el amor y la presencia de Dios.

¡Cuánto nos cuesta ese “hágase tu voluntad” volvemos a ti después de descubrir tu gloria, “venga tu reino” porque sin ti no somos verdaderamente personas.

Señor, necesitamos dejarte ser el protagonista de la Historia y de nuestra historia porque nuestros caminos  y nuestras búsquedas siguen centradas en horizontes cerrados, el horizonte de nosotros mismos.

Convencidos de que la actitud de fidelidad, constancia y confianza son los ingredientes con los que Dios puede hacer maravillas en nosotros, con o sin nosotros e incluso a pesar nuestro, pidiendo, llamando, seguros que encontraremos esa bondad de Padre de la cual aquí en Pisones hemos degustado  un aperitivo.

Continuamos la tarde con un rato de silencio fecundo ante el Señor, a la escucha, donde la comunicación sin palabras, se hizo realidad entre nosotros.

Para finalizar compartir impresiones, inquietudes, vida personal, de forma fluida, confiada, sin amenazas, sintiendo el respeto que da la escucha ante las diferencias que nos congregaban en la mañana.

Gracias hermanas por este escenario de vuestro monasterio que facilita el encuentro de personas que buscamos, que tenemos inquietudes por ser más plenamente humanos y dejar que Dios sea Dios en nuestra vida y nuestro entorno.

Compartimos nuestra experiencia de silencio interior, vivencias de dolor personal y la luz que aportaron a nuestra vida. La certeza que de la oscuridad  nacerá  un nuevo arco iris y de que los tiempos de Dios no son nuestros tiempos

Se produjo el milagro de compartir lo más profundo de la vida en un espacio protegido.

Y como broche de oro de la jornada, para cuidar el vínculo nacido del compartir inquietudes y vida desde el silencio y la palabra, la tarea de rezar unos por otros hasta el próximo encuentro en el monasterio el primer sábado de mayo.

¿Alguien más se apunta?

Puri